domingo, 2 de mayo de 2010

1ro de mayo

Sábado en la mañana. Diá del trabajador. Aprovecho para llevarle el carro al mecánico que me dijo que abriría a pesar del feriado, para cambiar los bujes de las mesetas del tren delantero (todavía me sorprendo de todo lo que he aprendido de mecánica con este nuevo oficio).
Dejo el carro y camino hacia el Paseo caroní para tomar un directo que me llevará a casa.
Tomo una perrera que dice Altavista y disfruto del aire fresco que sopla todavía a esa hora en la ciudad. A la altura del semáforo de la Av NS 1, oigo que me llaman. Giro la cabeza y diviso una camioneta con el mismo letrero que el de la perrera. Es L, mi amigo y compadre. Me bajo corriendo y me montó en la camioneta.
Qué alegría verte! L, administrador de profesión, funcionario publico de vocación, no está de pasajero, él es el conductor.
Está como yo sin trabajo como profesional y decidió aprovechar la camioneta de su esposa, quien hace transporte escolar. Cubre la ruta Altavista-Core 8 y dice que por lo menos genera ingresos para cubrir varios de los gastos familiares.
Al preguntarme que a dónde iba, le comento que había dejado el carro en el mecánico y que yo también andaba de profesional del volante; comenté acto seguido que también R, urbanista como yo, ya había comprado su letrerito (él lo compró amarillo) y que J, contador también andaba en esto.
Intercambiamos impresiones sobre el oficio y nos dimos cuenta que no estábamos solos, que ya eramos un gremio: el de los profesionales que pudiendo estar aportando su conocimiento y experiencia para mejorar nuestra ciudad, nos hemos visto obligados por las circunstancias a tomar otros derroteros.
Llegamos a Altavista, pagué y nos despedimos con un ah por cierto, Feliz Día del Trabajador!

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